Alrededor de la 1 de la tarde, llego el bus y teníamos que subir en él; pero se presentó otro «bendito» problema: los alumnos eran demasiados y el autobús no se abastecía para llevar a todos; así que tuvimos que esperar hasta que llegara otro vehículo para que pueda llegar una parte de mi grupo y otros alumnos más al colegio.
Mientras esperábamos, nosotros acordábamos algunos detalles para la clase que ofreceríamos a los niños de Llana Villa.
Ya en el lugar de los hechos, al entrar a clases de los niños, ellos se mostraban un poco inquietos, como no queriendo prestar atención a la clase. Al principio pareciera como que queríamos perder la paciencia; sin embargo, poco a poco fuimos recuperando la confianza de poder mantenerlos concentrados (teniendo en cuenta que no es fácil mantener concentrados a los niños). Algunos eran más participativos que otros y eso fue muy grato para nosotros. Pero yo, obviamente, quería que todos nos tomaran atención. Por eso me acerque a esos niños que no notificaban mucho en clase para preguntarles sobre su falta de esmero. Y claro, como cada niño tiene su forma de ser, nosotros teníamos que lidiar con eso. Pero… Bueno era nuestra tarea y había que cumplirla.
Es cierto, no somos educadores, pero creo que la experiencia también hace al maestro, y nuestra intención de ayudar a nuestro prójimo pesa mucha más que cualquier adversidad; de modo que, al terminar la clase, nos despedidnos de los niños satisfechos por el acto de servicio que hicimos, considerando que volveremos para seguir con nuestra labor de «ayudar al prójimo».
😊😊😊

